Paranormal

Términos como anómalo, paranormal, parapsicológico, psíquico y sobrenatural han llegado a ser sinónimos y a utilizarse indistintamente en ciertas circunstancias, aunque cada uno de ellos conlleva matices o asunciones propias.

Paranormal

> Término aplicado a cualquier fenómeno que exceda en uno o más aspectos los límites de lo que se considera físicamente posible basándonos en las asunciones científicas actuales; es utilizado a menudo como un sinónimo de “psíquico”, “parapsicológico” o incluso “milagroso”, aunque libre de connotaciones religiosas. (Thalbourne, 1982)

> Que no puede ser explicado por los conocimientos científicos actuales, y es objeto de estudio de la parapsicología (RAE)

Sobrenatural

> Que excede los términos de la naturaleza (RAE)

Supernatural (este término se usa más en inglés)

> dicho de una manifestación o un evento atribuidos a fuerzas más allá de la comprensión científica o las leyes de la naturaleza (Oxford Languages)

Paranormal

El término paranormal, por definición, hace referencia a todo aquello que está “junto a” o “al lado de” lo normal (lo que nos lleva a definir a priori qué es lo normal) De manera habitual se equipara, en este contexto, “normal” con “explicado mediante los procedimientos y métodos científicos” o lo que vendría a ser lo mismo, “real”.

Si definimos paranormal como algo que está más allá del rango de los fenómenos científicamente conocidos, esta definición no sería exclusiva para los fenómenos parapsicológicos, sino que puede usarse para cualquier fenómeno inexplicable por el momento, pero potencialmente explicable. Personalmente, creo que es un buen término descriptivo. El problema es que se asocia popularmente con sobrenatural, con lo que eso conlleva.

Por otro lado, si aplicamos «paranormal» a fenómenos que están «más allá del rango de lo científicamente conocido” la cosa se complica, porque esto implica el método científico  y qué se consideraría científicamente conocido o probado. Como dice Dean Radin, podemos entender mejor esta cuestión de “científicamente conocido” si la convertimos, por el momento, en “fenómenos más allá del rango de los fenómenos aceptados actualmente por la mayoría de los científicos”

La parapsicología, por definición, no asume la existencia de “lo paranormal”. Por ejemplo, cuando denominamos a una experiencia como “extrasensorial” o “parapsicológica” no significa que se afirme que se trata de un proceso paranormal. Lo sería en el sentido puro de “paranormal”, es decir, algo que no podemos explicar en principio con lo que ya sabemos del mundo. Pero tal vez sí haya una explicación dentro de ese conocimiento. Tampoco se asume que lo parapsicológico es sobrenatural, por la misma razón. 

Esto puede resultar chocante y extraño a mucha gente que equipara estos términos como si significaran lo mismo, pero esa diferencia es crucial para entender la presencia de la parapsicología en el mundo académico en todo el planeta así como las investigaciones realizadas. Resumiendo: la parapsicología no asume que existan elementos como espíritus, fantasmas o casas encantadas; no asume que los médiums se comunican realmente con personas fallecidas; no asume que una ECM (experiencia cercana a la muerte) sea en efecto el alma que sale del cuerpo, o que una OBE (experiencia fuera del cuerpo) sea algo similar. 

La parapsicología investiga estas experiencias, para ver hasta qué punto son explicables dentro del marco teórico de la corriente científica dominante y, si es apropiado, definir los aspectos en los que este marco teórico debe extenderse para acomodar hallazgos empíricos sobre el fenómeno. Sin embargo, históricamente la reacción habitual de la ciencia dominante ante las evidencias experimentales ha sido negarlas, rechazarlas o simplemente ignorarlas.

Aunque las experiencias parapsicológicas parecen ser paranormales, no se definen por esa apariencia. De hecho, la cuestión de si son o no paranormales es materia de investigación. Es importante distinguir entre experiencia parapsicológica, que es la experiencia que tiene un individuo, y proceso paranormal subyacente a esa experiencia, que es sólo una hipótesis para la investigación científica. Todas las experiencias “extrasensoriales”, por ejemplo, son parapsicológicas, pero no tienen por qué ser paranormales/sobrenaturales.

Sobrenatural

El término sobrenatural se enfoca más en lo que excede los límites de la naturaleza, incluyendo lo mágico o espiritual.

¿Por qué lo mágico y lo espiritual se considera que excede los límites de la naturaleza? ¿Dónde están esos límites? ¿Están en la naturaleza, o los ha colocado el ser humano? La respuesta habitual a esta cuestión suele ser: “lo que no puede medirse con las herramientas del método científico”. Esto es en el fondo un modo de decir que no es algo real, porque lo real es sólo lo que puede demostrarse con el método científico. En el mejor de los casos, se deja lo sobrenatural y lo supernatural en un espacio más allá (nunca mejor dicho) de lo empírico; en el peor de los casos, se les considera imposible, falso, que no existe — porque no podemos demostrarlo con las herramientas que hemos creado nosotros y que sirven muy bien para otras cosas.

Espiritismo

El espiritismo es una doctrina que admite la existencia de vida más allá de la muerte y que, además afirma que podemos comunicarnos con estos seres fallecidos mediante mediums, escritura automática, etc. En el espiritismo, la existencia de espíritus no se pone en duda. 

Para la parapsicología, la existencia de espíritus, o de «algo» que sobreviva más allá de la muerte física del cuerpo es una hipótesis de trabajo. No todos los que investigan en parapsicología creen que exista un más allá o que estos fenómenos asociados al espiritismo (adquisición de información, movimiento de objetos, etc.) estén provocados por espíritus. ¿Entonces, a qué se deben estos fenómenos de la mediumnidad?

Una propuesta desde la parapsicología, que deja fuera la existencia de espíritus desencarnados, es que esos fenómenos son resultado de percepción extrasensorial (p.e., mensajes canalizados) y/o psicokinesis (efectos físicos). Es cierto es que explicar un fenómeno anómalo (la información que adquiere un medium) mediante otro fenómeno anómalo (ESP) no es una respuesta en sí mismo.

Otra propuesta sería explicarlos mediante procesos conocidos por las disciplinas científicas actuales. Recuerda que la parapsicología per se no asume la realidad paranormal de los fenómenos. Por tanto, buscar explicaciones alternativas, e incluso demostrar fraudes, es también trabajo de la parapsicología. Aunque esto no suelen decirlo quienes tienen interés en mostrar la parapsicología como una «pseudociencia de creyentes».

Experiencia anómala

Los términos anteriores poseen connotaciones teóricas.  Paranormal y parapsicología parecen asumir que existe un proceso anómalo genuino subyacente (aunque no sea así, pero es inevitable que los términos tengan connotaciones). Por esta razón, muchos investigadores proponen el uso de una terminología más neutra: “experiencias anómalas”, “psicología anómala”, “cognición anómala”, “perturbación anómala”. La idea es usar términos que sean más «neutros». 

Pero, ¿neutros para qué o quién? Definir con precisión es una tarea compleja, no sólo para la parapsicología. En psicología es habitual que los términos empelados para referirse a cualquier campo de investigación evolucionen con el tiempo y no haya acuerdo entre todos aquellos que se dedican a él. Pero a pesar de este «problema» con la terminología, la investigación sigue adelante. Sin embargo, parece que en el caso de la parapsicología este problema es mucho más grave, de modo que hay un continuo debate en torno a cuáles son los mejores términos para utilizar. Este debate no llega a nada concluyente y aunque pueda ser interesante (tanto como en otras áreas de la psicología) creo que no es de vital importancia: con todo lo expuesto anteriormente, podemos trabajar de manera precisa en la investigación en parapsicología sin necesidad de detenerlo todo hasta encontrar los términos perfectos (al igual que en otras áreas de la psicología donde el trabajo sigue aún con debate sobre las definiciones). 

Uno de los términos más utilizados en pro de esta neutralidad es experiencia anómala. Cardeña, Lynn & Krippner (2000) la definen como una experiencia no común, o una experiencia que, aunque pueda ser experimentada por una cierta cantidad de gente, se desvía de la experiencia ordinaria o de las explicaciones normalmente aceptadas de la realidad y que a menudo sugiere la posibilidad de procesos paranormales (Cardeña, Lynn & Krippner, 2000).

Una experiencia anómala es diferente a un estado alterado de consciencia, aunque pueda haber en ocasiones solapamiento entre ambas. Por ejemplo, algunas experiencias anómalas pueden ocurrir durante un estado alterado de consciencia y otras pueden tener lugar durante un estado de consciencia ordinario. 

En este contexto, el término anómalo no tiene ninguna implicación de psicopatología. Es decir, se trata de experiencias anómalas (distintas a las «habituales») pero no implica obligatoriamente que se trate de algo patológico.

El uso de esta terminología (experiencia anómala) puede llevar a que las experiencias parapsicológicas denominadas bajo esos términos sean más aceptables para otros científicos; sin embargo si ser aceptadas conlleva ser reducidas a lo que no son o ignorar algunos de sus elementos (los más controvertidos, esto es, lo parapsicológico o paranormal) no me parece una gran ventaja. También permite una inclusión más amplia de fenómenos, pero esto puede ser contraproducente: por ejemplo, la memoria eidética o la sinestesia son sin duda experiencias anómalas si las comparamos con las experiencias de la mayoría de las personas, pero no tienen nada de paranormal ni sobrenatural. El término «experiencia anómala» puede en algunos casos llevar a confusión.

O más aún, su uso puede hacer que las experiencias parapsicológicas acaben desprovistas de significado: si algo es «anómalo» pero potencialmente explicable dentro lo «normal», todos los elementos que precisamente desafían esta «normalidad» se pierden, y ya experiencia tal y como sucede en el entorno o las personas pierde su significado completo. También, el uso de «experiencia anómala» puede convertir a la experiencia parapsicológica en algo marginal, infravalorando o no interpretando correctamente su significado.

Conclusiones

A pesar de las dificultades y asunciones que pueda tener el término «parapsicología», hay que reflexionar bastante antes de promover el uso de nuevas terminologías sustitutas que no aporten nada nuevo ni útil. Cambiar el término parapsicología por otros es una caballo de batalla que lleva décadas en activo y que seguirá estando mucho tiempo más. A veces se hace en pro de una mayor comprensión y mejor entendimiento, pero otras veces se busca reconvertir lo «parapsicológico» en «psicológico», sin más.

Cada término (parapsicológico paranormal, sobrenatural, anómalo) tiene su alcance, definición y utilidad. Lo conveniente es usar cada cual de manera coherente y acorde a lo que se pretenda para facilitar el diálogo y la comprensión. Creo que cada terminología, bien definida y entendida, no suponen un problema para el estudio de estos temas.

Referencias

Etzel Cardeña (Editor), Steven Jay Lynn (Editor), Stanley Krippner (Editor) (2000) Varieties of Anomalous Experience: Examining the Scientific Evidence. Ed. American Psychological Association. [Existe una edición actualizada]