Llevar varias décadas metido en el mundo del misterio y lo paranormal te ofrece una visión con cierta amplitud sobre cómo evolucionan el tratamiento y la progresión de algunos temas. Unas décadas no es nada si lo comparamos con la vida del Universo, es cierto; pero en un mundo que cambia tan rápido —y con tan poca memoria histórica— como es el mundo del misterio y de la parapsicología, unas décadas dan para mucho.
Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) son uno de los temas estrella de la parapsicología y lo paranormal. Popularizadas en 1975 por el libro de Raymond Moody, Vida después de la vida, en seguida cristalizó una imagen popular de qué era esa experiencia, con una serie de fases establecidas y orbitando en torno a una cuestión simplista, pero efectiva: o las ECM eran fruto de procesos fisiológicos o psicológicos, o eran la prueba de la vida después de la muerte.
Greyson define la ECM como un evento subjetivo profundo con elementos místicos o trascendentales que ocurren en el umbral de la muerte, durante un coma patológico o en situaciones de amenaza vital inminente (Greyson, 1999). No se trata simplemente de estar a punto de morir; de hecho, no todas las personas que “están a punto de morir” tienen una ECM.
Junto con la aparente similitud de todos los casos surge un elemento que al principio parecía ser algo “adicional”, tangencial a la experiencia y no tan relevante: la transformación personal. Así, recuerdo como en aquellos tiempos en los que empiezo a interesarme y estudiar este tema (alrededor de 1993) lo que ocupaba todo el protagonismo en las ECM era si en efecto se debían o no a mecanismos fisiológicos (causas materialistas) o si estos eran insuficientes. La cuestión de la transformación personal —espiritual— de quienes tenían estas experiencias era casi anecdótico. Sin embargo, para mí como estudiante de psicología interesado en “lo transpersonal” esa cuestión no me parecía poca cosa: el impacto emocional, la integración posterior de la experiencia, etc.
Aquí no revisaré con detalle la fenomenología de las ECM, sus características o modelos explicativos (quien esté interesado puede leer mi artículo en Researchgate). Prefiero centrarme en una serie de cuestiones que, a día de hoy, considero relevantes.
¿Qué define a una ECM?
Normalmente la ECM se ha definido de manera fenomenológica, es decir, en función de la experiencia que la persona vivía. Verse fuera del cuerpo, atravesar un túnel, encuentro con una luz o seres de luz, revisión biográfica, la vuelta al cuerpo… el conjunto de estas características eran el criterio para afirmar que la experiencia había sido una ECM. Sin embargo, esta definición cae en lo circular: si la persona experimenta esas características, ha tenido una ECM; ¿Qué es una ECM? Experimentar esas características.
En una conversación reciente con Álvaro Álvarez, presidente de OBSECON (asociación a la que pertenezco) Álvaro planteaba esta cuestión: ¿qué define la ECM? ¿Su fenomenología? ¿O es la transformación resultante de la experiencia? No hay una definición universal de las ECM, y esto es algo común a otros campos de estudio (no sólo relacionados con lo paranormal o parapsicológico). La importancia de preguntarnos qué es lo que define a una ECM surge en relación a la posibilidad de que estemos incluyendo bajo el epígrafe “ECM” diversas experiencias que, estrictamente hablando, no deberían ser catalogadas como ECM. Pero entonces, ¿cómo las definimos? ¿Experiencias de la consciencia? Esta es una de las cuestiones que considero abiertas a día de hoy y que necesitan ser exploradas.

ECM negativas
Existe un alto porcentaje de ECM denominadas negativas o angustiosas. Y es muy probable que el porcentaje sea mayor y que muchas de estas experiencias permanezcan sin ser contadas por miedo a la incomprensión el rechazo, ya que no “encajan” con la narrativa generalizada de las ECM como experiencias “positivas”. En estas ECM angustiosas lo que se experimenta no es una sensación de paz y amor, sino lo contrario: un vacío sin fin, una sensación de nada, a veces el encuentro con figuras “demoníacas” o monstruos, y donde las emociones son de terror, pánico, abandono o desesperación. ¿Cómo encajan estas experiencias en la narrativa beatífica de las ECM “normales”?
Dualidad explicativa: obsoleta
Tradicionalmente, como señalaba más arriba, las explicaciones propuestas para las ECM se podían reducir a dos. O son producto del cerebro (un cerebro que no estaría funcionando en condiciones normales) o son evidencia de que algo sobrevive a la muerte física. Estas dos opciones pueden matizarse. La primera incluiría explicaciones tanto fisiológicas como psicológicas, ambas proponiendo un origen materialista y “normal” para el fenómeno. La segunda podría incluir como explicación no sólo la existencia de un alma que abandona el cuerpo (y sobrevive) tras la muerte, sino también la persistencia de la consciencia sin necesidad de un soporte físico, esto es, más allá del cerebro. Recordemos aquí que no todas las ECM suceden en situaciones de casi-muerte (operaciones, accidentes, etc.)
¿Es útil esta polaridad? Sólo para la televisión. Durante demasiados años hemos asistido a debates en torno a las ECM representando a estos dos bandos enfrentados. Poco útil sale de ese tipo de encuentros. ¿Existen otras posibilidades?
Las ECM se producen en diferentes condiciones, tanto con situación de crisis fisiológica como psicológica. Es probable que estas situaciones, y sus correspondientes correlatos fisiológicos sirvan de disparador de experiencias “expandidas” de consciencia: místicas, transpersonales, experiencias psi, etc. Algunos elementos de las ECM, como la visión de personas fallecidas (o personas fallecidas que la persona no sabe que han fallecido) podrían abordarse como similares a los casos de apariciones (sin ECM); estos casos podrían ser considerados también como evidencia de la supervivencia post-mortem, pero también como casos de percepción extrasensorial (PES). La PES como explicación para casos verificados es un elemento a tener en cuenta. En las ECM, esta PES se experimentaría como estar fuera del cuerpo registrando información del entorno (ya sea del lugar donde se halla la persona como de lugares a cientos de kilómetros) La similitud con la visión remota, la clarividencia o la “proyección astral” salta a la vista. No pretendo explicar las percepciones verídicas mediante la visión remota o la PES, pero creo que merece la pena esta consideración.
Aspectos problemáticos: mente mejorada y percepciones verificadas
El hecho de que durante las ECM se codifiquen recuerdos y se tenga una experiencia clara y coherente es algo difícil de explicar en los casos en los que el cerebro no está funcionando en condiciones normales, o incluso con un cese de actividad (como en el emblemático caso de Pam Reynolds). Además, en estos casos la persona no sólo ofrece información verificable del entorno (procedimientos médicos implicados en su recuperación u operación, qué sucedía en la habitación o en otras próximas, o incluso a kilómetros de distancia) sino en ocasiones información sobre personas con las que se encuentran en “ese lugar” donde están viviendo su ECM y que no sabían que habían fallecido. Este tipo de experiencias de percepciones verificadas nos recuerda a otras experiencias o fenómenos similares, por ejemplo la visión remota o clarividencia (percepción extrasensorial).
Es decir, podríamos recurrir a la percepción extrasensorial como explicación para estos casos verificados sin necesidad de apelar a elementos sobrenaturales, como la existencia del alma, ni considerar la ECM como una experiencia de trascendencia a la muerte física; basta con una propuesta de consciencia extendida, que también desafía los modelos materialistas actuales sobre la consciencia.

La importancia de los casos y las personas
Pero cuidado, no pretendo afirmar que todas las ECM puedan explicarse de esta manera. De hecho, es lícito preguntarse si, en efecto, las ECM son exactamente lo que parecen: una experiencia en la que la persona accede a ese más allá o al menos a un lugar de tránsito. Para quienes viven una ECM, esta la es vivencia de su experiencia, este es su sentido. Y aquí cabe plantearnos la cuestión de hasta qué punto el relato generalizado de las ECM no puede llegar a dar forma a las experiencias individuales de modo que las personas acomoden su experiencia a la narrativa de una ECM.
En estas décadas he visto a mucha gente desestimar estas experiencias y considerarlas alucinaciones. También he visto como además no se prestaba atención al impacto (el trauma, incluso) que estas experiencias, fueran lo que fuesen, provocaban en la persona. Aún hoy, con las ECM muchísimo más conocidas entre el público general, son muchas las personas que tienen una ECM que se resisten a contarlo por miedo a lo que vayan a pensar de ellos. El impacto y la necesidad de intervención, en muchos casos, que provocan las ECM es real y no debe ser soslayado.
Y para que no quede duda: no estoy negando la realidad de la experiencia (a la que considero muy difícil, sino imposible, de explicar en su totalidad desde perspectivas materialistas) ni que la experiencia suponga efectivamente la evidencia de la realidad de un “algo” que pueda sobrevivir a la muerte física. Lo que afirmo es que es lícito considerar otros planteamientos, por un lado, y puede ser aconsejable esgrimir cierta prudencia con algunos casos que, siendo seguramente experiencias de consciencia expandía, tal vez no sean propiamente una ECM en su sentido clásico. Porque no podemos obviar el hecho de que precisamente la popularidad actual de las ECM, igual que ayuda a mucha gente a hablar de su experiencia, puede estar provocando un tipo de distorsión: las ECM se pueden convertir en una etiqueta explicativa que de sentido a la experiencia que una persona pudiera tener… incluso cuando no sea propiamente una ECM. Y esto nos lleva a lo que decía anteriormente: ¿qué define una ECM?
La transformación personal
Personalmente he observado en estas décadas de interés personal por lo paranormal cómo, al menos entre el público español, lo paranormal y lo transpersonal no han ido de la mano casi nunca. Ambos campos, sin embargo, gozan de una rica interconexión, como puede verse en textos, enfoques y entre académicos de otros lugares. Tal vez sea porque lo transpersonal, en general, no parece haber calado en la academia ni el interés de nuestro país. Gran error. Sin duda, lo transpersonal (que engloba a la psicología transpersonal pero va más allá) es una necesidad, en mi opinión, para entender mucho de lo parapsicológico y paranormal, y creo que ofrece un marco sólido y amplio dentro del cual estudiar las ECM con una amplitud de miras mayor.
Por ejemplo respecto a la cuestión de la transformación personal, elemento clave de las ECM. Este acceso a lugares trascendentes, esta experiencia de muerte y renacimiento, no es exclusiva de las ECM. Está presente en diversas prácticas espirituales a lo largo de la historia y puede alcanzarse incluso sin la necesidad de una ECM: meditación, danza extática, crisis, uso de enteógenos… incluso algunas experiencias paranormales que disparen en la psique de la persona la búsqueda y el planteamiento de cuestiones relacionadas con la vida tras la muerte física o qué somos en realidad, más allá de este cuerpo físico y esta consciencia individual.
Por ejemplo, las ECM producen en las personas que las viven una pérdida del miedo a la muerte y la convicción de que la muerte física no es el final. Esto no es algo que se obtenga exclusivamente mediante una ECM: investigadores de TCI afirman, de manera similar, su convencimiento de que la vida continúa tras la muerte física.
Las ECM pudieran ser, o pudiéramos considerarlas a efectos de estudio, una especie de experiencia mística “bruta”, más directa y repentina que otras experiencias similares, y con mayor intensidad emocional. Es como si, para adentrarte por primera vez en una piscina, eliges ir poco a poco o decides saltar de golpe. Ese ir poco a poco sería el equivalente a las prácticas místicas (y esotéricas) controladas en las que se busca la conexión con la consciencia cósmica, la realidad última, etc., y que conllevan una preparación en el tiempo tanto física como psicológica. Por el contrario, las ECM equivaldrían a lanzar a la persona a la piscina sin previo aviso ni tiempo de preparación. Una inmersión en la Consciencia (con mayúsculas) sin aviso y de manera total.
No hemos acabado
En cualquier caso, cincuenta años después del inicio de la investigación moderna en ECM con el libro de Moody, Vida después de la vida, estamos lejos de haber no sólo explicado el fenómeno de la ECM sino de haberla comprendido en su totalidad. La experiencia continúa, las personas siguen viviendo esos eventos transformadores y las preguntas siguen surgiendo. Algo que sin duda molesta a quienes, desde una perspectiva puramente materialista, llevan tiempo deseando dar carpetazo a este fenómeno con la explicación de que todo es producto del cerebro.
Esta entrada surge a partir de una conferencia que di el 20 de enero de 2026 sobre ECM titulada: «ECM: Experiencias cercanas a la consciencia» y la participación en el programa «El Dragón Invisible«, de Jesús Ortega un mes después: «Experiencias Cercanas a la Muerte: el enigma de la consciencia«.