El misterio: ¿resolverlo o contemplarlo?

17/07/2026

Estamos rodeados de misterio. La palabra “misterio” es la más común cuando hablamos de parapsicología, lo paranormal, el fenómeno OVNI o la consciencia. Se ha convertido en una palabra comodín para referirnos no sólo a temas específicos y diferentes entre sí, sino a todo un “mundo del misterio”. También a su alrededor ha surgido algo muy cuestionable: el “periodismo del misterio”.

Se me ocurren dos acepciones posibles para la palabra “misterio”. Una es entenderlo como algo a resolver; la otra, como algo a contemplar o incluso experimentar.

El misterio como algo a resolver

Una es misterio entendido como algo a resolver. Por ejemplo, una novela de Agatha Christie es un ejemplo de misterio en este sentido. Hay algo que no entendemos y el objetivo final es comprenderlo. Saber exactamente cómo se produce ese misterio, qué hay detrás. En definitiva, resolverlo.

No es una mala manera de enfocar el misterio. Querer comprender algo, saber cómo funciona, qué lo produce, etc., es una reacción natural imagino desde que la humanidad adoptó esa forma de entender el mundo: algo que comprender y, consecuencia inevitable, manipular. Hay muchos misterios que abordamos de esta forma y es muy propicio para nosotros como humanidad; por ejemplo, el modo en que abordamos las enfermedades: querer saber cómo se producen para en este caso, al entenderlas, poder eliminarlas.

Esta acepción del misterio implica por tanto cierta asunción de que un misterio es un problema, y es un problema porque desafía o no encaja con lo que conocemos del mundo. Esta parte es importante: con lo que sabemos del universo, que no es lo mismo que lo que el universo es realmente y en su totalidad.  

Aplicado a lo paranormal, lo sobrenatural, este modo de actuar es, repito, comprensible y también deseable, al menos hasta cierto punto como luego veremos. Es normal querer saber cómo se produce y por qué (el para qué lo solemos pasar por alto…) Especialmente relevante en esta concepción del misterio es desenmascararlo, descubrir si es en realidad un misterio o no; esto es, si tal misterio puede ser explicado —satisfactoriamente— con lo que ya conocemos del mundo. Aquí el término “satisfactoriamente” es muy importante, porque no todas las explicaciones que se ofrecen para resolver misterios son tan satisfactorias como quieren hacernos creer.

El misterio como algo a contemplar

Pero hay otra acepción para la palabra “misterio”: algo que no está hecho para ser entendido, sino vivido. Algo que ha de ser experimentado. Esta noción es más propia de planteamientos religiosos, místicos, esotéricos y relacionados también con la exploración de la consciencia. No soy una persona religiosa; de hecho, rechazo frontalmente cualquier institución religiosa.

No es necesario adscribirse a ninguna religión ni dogma reduccionista para poder vivir un misterio: el de la vida, el de la muerte, el del amor, etc. En nuestro caso, ese “misterio” es el misterio por excelencia: lo paranormal, lo sobrenatural. Lo mágico, en definitiva, ¿no?

Esta segunda visión conlleva una cierta transformación personal. Al menos, la posibilidad de que esa transformación personal se produzca. Un ejemplo sería el de la persona que tiene una ECM. Sin entrar aquí en qué son las ECM, quienes la viven experimentan una transformación personal que se refleja y se manifiesta en su vida diaria, así como en sus valores y creencias espirituales, entre otras. Pero no creo que esta transformación sea algo exclusivo de las ECM o de la vivencia de experiencias “anómalas” (qué poco me gusta ese término, lo considero erróneo) sino que puede suceder a partir del estudio mismo de estas experiencias (desde las apariciones hasta el encuentro con OVNIs), esto es, del estudio mismo del misterio. Cuando hablo del estudio del misterio me estoy refiriendo desde la investigación propia como el estudio teórico. El primer caso nos lleva de frente y nos sumerge en el misterio; el segundo caso nos hace hacernos preguntas sobre la realidad que pueden llevarnos a planteamientos más profundos acerca de nuestra posición en el Universo. Esto es, vivir el misterio.

La objetividad, ese gran mito

La primera forma de entender el misterio (algo a resolver) nos excluye del propio misterio. El misterio está ahí (como estaba “la verdad” “ahí fuera” en “Expediente X”) y nosotros estamos aquí. Así, al estar el misterio ahí podemos medirlo, racionalizarlo, tratar de comprenderlo y manipularlo como algo ajeno a nosotros, manteniendo esta postura “objetiva” respecto a él. Quizás si estuviésemos estudiando reacciones químicas esta pretendida posición externa sería plausible. Pero no creo que sea tan sencillo defender que somos algo “externo” al misterio (a lo paranormal, a lo sobrenatural) ni que podemos interactuar con él sin modificarlo, aunque sea en algo tan leve como recoger un testimonio, escribir un artículo o realizar una investigación.

La segunda de entenderlo (el misterio como algo a vivir, o contemplar) no nos deja como seres externos al misterio sino como parte —inevitable— de él. Esta manera está “mal vista” desde la pretendida objetividad científica. Es habitual escuchar lo que algunas personas que investigan o estudian estos temas, a cierta edad o en cierto momento, “perdió el norte”. Que ahora es un “creyente”, por ejemplo. Que ha cambiado el modo en que se acercaba, incluso estudiaba, el misterio. Esa posición no es, por tanto, deseable para estudiar un misterio (esto es, resolverlo). Pero tal vez podríamos plantearnos si no es, simplemente, un paso natural. No hace falta que sea necesario, pero sí un siguiente paso en el camino de adentrarse en el misterio. No reñido con la primera acepción, pero sí que iría más allá.

Estudiar el lago desde la orilla

Siempre he escuchado decir a diversos investigadores, tanto en persona como a través de sus libros, artículos, etc., que tienen la sensación de que ellos y el misterio, en cierto modo o en ocasiones, interactúan. Sé, como psicólogo, que esta percepción puede atribuiré a un error cognitivo, a un sesgo de interpretación a posteriori. Y es conveniente tener esto presente. Pero son muchos quienes señalan esas extrañas casualidades y coincidencias extrañas entre investigadores y el misterio.

Por ejemplo, he escuchado a personas que trabajan con TCI (transcomunicación instrumental) contar cómo las voces no sólo se dirigen a ellos y a ellas, sino que les dan información respecto a sus vidas personales. Fenómenos paranormales que suceden… hasta que llega alguien a investigarlos o anotarlos. Determinados estados de consciencia que facilitan o inhiben la aparición de estos fenómenos, sea de manera natural o en estudios controlados.

La gente que estudia el misterio sea del tipo que sea y del modo que sea, parece vivir con más soltura determinadas cuestiones espirituales o trascendentales. No digo que todo lo que crean u opinen sea cierto, eso no lo sé. No me refiero al contenido, sino al modo. He ahí, tal vez, una de las múltiples caras de los fenómenos misteriosos: al centrarnos en tratar de resolverlos, se nos pasa por alto lo que el mero hecho de estudiar o interesarnos por estos temas puede tener en nosotros.

Me encanta esta foto de Ian Stevenson. Metido en el lago. Pero con los zapatos en la mano.

Podemos estudiar un lago desde la orilla. Podemos medirlo, calcular la temperatura del agua, hacer una lista detallada de las criaturas que viven en él, calcular cómo se moverá según el viento, etc. Todo eso sin necesidad de meter un pie en el agua. Pero si queremos saber cómo es meter un pie en el agua, cómo es mojarse o bañarse en un lago… no hay forma de hacerlo desde la orilla. Y no pretendo decir cuál es la mejor forma de estudiar un lago; no sé si hay una mejor que otra. Pero sí que sé que no podemos hablar de lo que es meter los pies en el agua si nos quedamos en la orilla. Que tal vez, en esto del misterio, un elemento para poder comprenderlo es precisamente, contemplarlo, vivirlo. Que tal vez, ambas formas de entender el misterio, por muy extraño que nos resulte, sean complementarias. Incluso necesarias.

No para demostrar ni convencer a nadie. La persona que mete los pies en el agua no puede hacer entender a quien está en la orilla cómo es eso. Tal vez el misterio no sólo quiere que lo midamos, lo pesemos y lo capturemos; quizás también quiere que nos mojemos los pies.

AMAR LAS PREGUNTAS

Ten paciencia con todo aquello
que no se ha resuelto en tu corazón
e intenta amar las preguntas por sí mismas,
como si fueran habitaciones cerradas
o libros escritos en una lengua extranjera.

No busques ahora las respuestas
que no estés preparado para vivir,
pues la clave es vivirlo todo.

Vive las preguntas ahora.
Tal vez las encuentres, gradualmente, sin notarlas,
y algún día lejano llegues a las respuestas.

Rainer Maria Rilke

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