Imagina que quieres estudiar una mariposa. Te fascina su vuelo, como se posa y como echa a volar. Lo primero es observarla, y a partir de esa observación deduces patrones, ideas, significados. La observación de la mariposa se amplia para observar también dónde vuela, cuándo y cómo. Lees lo que otras personas han escrito sobre las mariposas y lo comparas con lo que tú estás observando. Por ejemplo, te percatas de que ves más mariposas cuando hay flores que cuando no hay.
Pero quieres saber más. ¿Cómo hace para volar? ¿Por qué vuela de esa forma? ¿Cómo son sus alas? No te basta con contemplarla o seguirla, sino quieres manipularla. Diseccionarla.
Así, cazas una mariposa y la llevas a tu laboratorio.
Allí entre cuatro paredes pones flores rojas y luego flores amarillas. Y anotas lo que sucede. ¿La mariposa se posa más en las flores rojas? Luego escondes las flores tras una cortina para ver si la mariposa las descubre. ¿Cómo da con ellas? ¿Quizás las huela? ¿Quizás hace un vuelo de exploración por toda la habitación? Te haces preguntas.
Y para responder a algunas de esas preguntas (ojo, no a todas, sólo a algunas) necesitas acercarte mucho más a la mariposa. Ponerla bajo el microscopio. Pero la mariposa vuela: ¿no era eso una de las razones por las que te gustaban las mariposas? Vuelan, van de aquí para allá. A veces, con suerte, se te posan en la mano y debes quedarte muy quieto para no espantarla.
Pero ahora el vuelo de la mariposa te molesta. No puedes observarla bajo la lupa, no se está quieta. Cuando se posa te acercas, pero cuando ya casi estás a punto de verla con detalle, la mariposa echa a volar.
¿Qué hacer?
Pincharla en un panel. Inmovilizarla.
Matarla.

Ya puedes observar a microscopio con detalle si tienen receptores para poder oler el perfume de las flores incluso cuando están detrás de una cortina. Puedes estudiar si sus ojos perciben bien el rojo pero no el amarillo. Con todos esos datos que obtienes sales al campo donde hay mariposas volando y dices “vuelan porque sus alas son de esta forma” o “no van a las flores amarillas porque no pueden ver el amarillo”. Has reducido la realidad de la mariposa a cosas comprensibles, medibles y comprobables. Pero la mariposa de tu laboratorio sigue sin volar.
Y entonces capturas otra. Varias. Haces más pruebas. Quieres que vuelen cuando tú digas y se posen cuando tú quieras. Que se posen en tu mano a voluntad. Y mientras haces todo esto echas de menos las mariposas volando en libertad. Observas tu mariposa muerta o tus mariposas volando en jaulas y sabes que no es lo mismo que el vuelo natural de la mariposa.
Esta es la paradoja de la mariposa: hay algo que te fascina y quieres saber más, comprenderlo mejor. Pero para eso, tienes que matarlo. Tienes que hacer que deje de volar para ver cómo vuela. Porque entiendes que es el único modo de comprender qué es una mariposa.
La paradoja de la mariposa es destruir aquello que queremos estudiar al estudiarlo.
Esto es lo que sucede con la parapsicología, lo paranormal, lo anómalo. Al igual que con la mariposa, es comprensible y deseable diseccionar las experiencias en busca de sus causas últimas y la posibilidad de explicarlas con aquello que ya conocemos sobre el mundo. Pero esta idea lleva implícita al menos otras dos. Una es que podemos comprender la totalidad del fenómeno diseccionando, buscando causas y efectos y proponiendo modelos y explicaciones similares en forma a las que se proponen para otras cuestiones en disciplinas tan distantes como psicología o física (y distantes también entre ellas). La otra es que para comprender esa totalidad hemos de seguir irremediablemente ese proceso, ya que ese proceso es el que aplicamos en otras áreas y para otros temas. No nos paramos a considerar que tal vez debamos utilizar otros modos, otra visión de punto de partida.
En ciencias sociales esto es algo conocido. No es lo mismo estudiar e investigar cómo hay que construir un puente (resistencia, fuerza, etc.) que cómo abordar el comportamiento del ser humano en sociedad. “Para quien sólo tiene un martillo, todo lo que ve son clavos”, decía Abraham Maslow. Una herramienta, ya sea el método experimental, la estadística, la observación o el análisis de casos, es buena para algunos temas pero no necesariamente para otros, ni desde luego para todos.
Diseccionar un fenómeno es comprensible. De la observación a la experimentación, vamos bajando (o subiendo) escalones en el modo de comprender qué hay detrás de ese fenómeno. Pero las gafas distorsionan lo que vemos, los métodos redefinen lo que observamos y lo que buscamos. Cada vez que avanzamos (o retrocedemos) desde observar el vuelo de la mariposa hasta clavarla con un alfiler en nuestro tablero no sólo ganamos información: también perdemos de manera irremediable algo de información. Estamos acostumbrados (o educados) para percibir bien esa ganancia, pero muy poco para darnos cuenta de la pérdida.

Por ejemplo, si tengo un dolor en las articulaciones no quiero simplemente que alguien observe mi dolor. Quiero que vaya bajando escalones hasta llegar a identificar qué causa ese dolor (pongamos, el malfuncionamiento de una proteína) y además quiero que me dé algo para solucionar el problema. Así, en el estudio de la parapsicología, lo paranormal y lo anómalo, hermanas cercanas pero repudiadas de la psicología, aplicamos el mismo proceder: pinchar con alfileres el objeto de estudio para diseccionarlo. Y yo me pregunto, ¿es este el mejor modo de hacerlo? ¿O el único?
Un siglo de experimentos en laboratorio sobre los fenómenos psi nos ofrece evidencia de que “algo hay”. De que el ser humano parece poder acceder a información que está al margen de sus sentidos (percepción extrasensorial), y que al menos se observan correlaciones (en el contexto de sus respectivos experimentos) entre la intención, pensamiento o deseo de las personas y alteraciones (micro o macro) en el entorno, desde generadores de números aleatorios hasta procesos biológicos. Pero ese “algo” es muy pequeño. Es el vuelo de la mariposa en la jaula, no en el campo.
Aceptar que no todo puede ser doblegado y repetido en laboratorio es difícil para algunas personas. Otras lo utilizan como arma contra quienes investigan cosas como la parapsicología, afirmando que si no puede reproducirse no es real. Amigo mío, reproduzca usted (o produzca) el amor en laboratorio. Encierre usted a dos personas en un entorno controlado y haga que se enamoren. Con los estímulos adecuados (la manipulación de variables adecuada) puede que consiga que florezca una relación, sí. Pero ahora pensemos: ¿es eso amor realmente? ¿Sería “el mismo amor” que surge espontáneamente fuera del laboratorio? Igualmente, puede intentarlo para reproducir (o producir) el arte, la creatividad, el talento…

Quizás lo más difícil del estudio de la parapsicología y lo paranormal sea admitir que no podemos estudiarla solo mediante el enfoque experimental; que tal vez ese modo sea incompleto o nos esté alejando, más que acercando, a la realidad de este fenómeno, mucho mayor que los límites que impone el laboratorio o el intento de controlarlo y producirlo (reproducirlo) a voluntad. Y esto no significa que no sea real ni que haya que abandonar ese modo de estudio, pero sí buscar otros modos de investigación, incluidos nuevos modos experimentales, que se adecuen al objeto de estudio y no solo copien los procedimientos de otras áreas. El propio fenómeno a estudiar debe ser la referencia para cómo estudiarlo.
Los fenómenos paranormales y sobrenaturales ocurren fuera, en el mundo. Cuando los estudiamos en el laboratorio nos empeñamos en que sucedan en el cerebro.
En definitiva, el estudio controlado y experimental en parapsicología es necesario. Pero creo que hemos de aceptar que, hasta cierto punto, estamos a merced de estos fenómenos. Que suceden cuando quieren y que tal vez no podamos doblegar a nuestro antojo en laboratorio. Que no siempre podemos pincharlos con un alfiler para estudiarlos al detalle. Eso no nos impide su estudio, sino que nos debería abrir a otras formas de comprenderlo.
2 respuestas
Buenas tardes Óscar, me resulta muy poética y acertada la metáfora de la mariposa usada para describir como el método científico es absolutamente cuestionable, y sin embargo en él se pretende basar la mayoría del «conocimiento» validado. Ese conocimiento que la mayoría de la gente considera que es conocimiento con mayúsculas. No es que se considere conocimiento con mayúsculas porque haya sido experimentado por esas personas que están de acuerdo en que lo es. Se considera conocimiento porque la ciencia y su representación oficial ha acordado que sí lo es. Y en general, no se cuestiona, ni esas personas se preguntan, cómo se ha llegado a determinar que lo es. Hay una especie de complejo o vergüenza a «no parecer científico». A partir de este error, compramos la moto que haga falta. Pero lo que hay detrás de los estudios que han basado estas creencias incuestionadas, creo que suele ser una sutil mariposa atrapada en una jaula o inmovilizada por un alfiler. O incluso una mariposa fabricada a medida. No solamente el observador afecta al hecho observado. También el investigador afecta al objeto de estudio. Y enjaula el objeto de su conocimiento en la definición que pretende estudiar o mostrar, encasillando y deformando el fenómeno. O fabricándolo. O haciendo que no se manifieste. También las personas afectamos a los objetos y hechos que nos rodean, y a otras personas. Referente al ejemplo del amor, me quedo inquieta al mismo tiempo que estoy de acuerdo. Puede que se pueda fabricar en un laboratorio, lo que me inquieta es el efecto inverso, que cuando lo etiquetamos / encasillamos/ hacemos que muera. Una vez un profesor me preguntó con qué corriente (psicología) me identificaba para poder intervenir con personas. Le dije que prefería ser ecléctica y ahora le diría que preferiría que el fenómeno me afectara y poder describirlo al máximo con mi pobre entendimiento. Y observarlo desde todas las perspectivas posibles. Él me dijo que debía definirme y elegir unas gafas (paradigma) «clínicamente validadas» y que, si no lo hacía, no sería válido mi trabajo. Me quedé muy sorprendida recién terminados mis estudios, por esa conversación, que nunca olvidé. En cuanto a los fenómenos psi, creo que estas gafas, este paradigma científico que atrapa a la mariposa y la ensarta en un alfiler…, se queda corto ante lo infinito. Hay tantísimas personas que los han vivido y los viven… Es muy interesante todo lo que comentas.
Hola, Guadalupe.
Muchas gracias por el comentario. Sí, hay mucho temor a que te tachen de «no científico» pero quien se viste con temores no llega muy lejos. Y en estos temas (la consciencia, lo paranormal, la parapsicología) tenemos que arriesgarnos y salir un poco a la tormenta si queremos comprender, avanzar. Como dices, el problema no es el método científico, la aproximación científica 8que no cientificista) sino tomarlo como el único modo de comprender y conocer estas cuestiones. Eso nos lleva al resbaladizo terreno de dejar que la mariposa vuele libre y aceptar que tal vez no podamos hacer más que eso. O ampliar el foco y reconocernos como parte del fenómeno, el observador y lo observado.
Lo que cuentas de tu profesor de psicología, por desgracia, me es muy familiar. Y es que la academia hace un flaco favor a la ciencia. Esa obligación a «elegir unas gafas» es propio de una mentalidad pobre, corta, que no es capaz de mirar más allá.
un saludo,
Óscar